Mis artículos
Bienvenido a un mundo de posibilidades ilimitadas, donde el viaje es tan emocionante como el destino, y donde cada momento es una oportunidad para dejar huella.
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Me até antes de escuchar. No por valentía, sino por cansancio. Porque llega un momento —y quien haya vivido lo suficiente lo sabe— en que uno deja de temer al naufragio y empieza a temer algo peor: comprender demasiado tarde por qué ha naufragado siempre en el mismo punto. Durante años creí que el canto
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No escribí esta obra por ambición literaria, ni por afán enciclopédico, ni siquiera por una necesidad de explicar el mundo. La escribí porque hubo un momento —silencioso, incómodo, irreversible— en el que comprendí que seguir viviendo sin ver el proceso entero era una forma refinada de sufrimiento. Ese instante no llegó como una revelación súbita,
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Escribo esto como quien abre una puerta lateral a medianoche. En el interior no hay focos ni tarimas, solo una mesa con libros subrayados y un cuenco de agua donde se reflejan tres nombres que me acompañan desde que empecé a bosquejar La Senda del Maestro: Zoroaster Megistos, Marien Lysandre y Elyon Aetherius. Ellos —maestro
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Sagunto ha sido tantas veces atacado, defendido y reconstruido, que ya no sabe cuántas vidas contiene Sagunto no es una ciudad que se recorra: es una ciudad que se atraviesa. No con los pies, sino con una disposición interior que exige algo más que curiosidad. Cada vez que vuelvo, siento que no regreso al mismo
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No escribí Miércoles Biodanza para contar una historia, sino para detener el tiempo. Para crear un santuario donde pudiera escucharse lo que no se dice. Donde cada gesto fuera una palabra y cada silencio, una confesión. No fue una novela planeada: fue dictada. Me la susurró la noche, el cuerpo, la herida. Me la mostró
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La memoria como territorio: cuando Sagunto me enseñó a mirar el origen Hay ciudades que no se levantan con piedra, sino con palabra. Sagunto, o Arse, pertenece a esa estirpe de lugares donde la historia no se mide por fechas, sino por la hondura de su resonancia. Cuando escribí SAGVNTVM, comprendí que no estaba reconstruyendo
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No escribo contra nadie, me escribo contra el olvido. Cuando decidí situar el origen de este libro en un desasosiego y en una deuda, estaba sacando la literatura del escaparate para devolverla a su única utilidad civil: servir de balanza. El fragmento que presento no es una proclama sino una herramienta. Quise afinar con él
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Escribir no es una profesión. No es un oficio. No es siquiera un arte en el sentido en que muchos lo usan para decorar su propio narcisismo. Escribir es una forma de atravesarse. De acompañar las propias sombras y aprender a reconocerlas sin huir. Escribir es un descenso ritual. Un viaje que implica despojarse de
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Desde que releí las primeras páginas de Entre Naranjos de Blasco Ibáñez, he tenido la sensación de caminar con los pies todavía húmedos por un valle que no termina de escurrirse. Blasco me devuelve a una Alzira, una Valencia, que no es solo paisaje: es un organismo respirando a ras de naranjo, con el Xùquer
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La noche se abría sobre Valencia como una sábana tibia recién sacada del tendedero. Las últimas luces del barrio caían sobre los adoquines con un brillo de aceite, y el Mediterráneo se oía de lejos, como una respiración que acompasa todo lo vivo. Yo caminaba con esa calma que a veces confunden con indecisión, pero
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Llevo tu nombre como quien lleva una herida abierta en el tiempo. Y como quien, por fin, decide convertir esa herida en palabra. Te escribo este artículo como quien escribe una carta definitiva. La más difícil. La más necesaria. Mañana, 12 de septiembre de 2025, se cumplen 85 años de tu muerte. O deberíamos decirlo
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El Amor como precisión Ética y el Testimonio como forma de supervivencia del Sentido Lanzamiento Octubre 2025 Escribo estas líneas con la calma deliberada con que se talla un patrón de medida antes de abrir la puerta a los mercaderes. No es una metáfora ornamental: si algo he aprendido en mi oficio es que la
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Manual íntimo de desobediencia del corazón: lo que aprendí danzando en Ordesa Todavía llevo bajo la piel un rumor de agua fría y piedra antigua, como si los Pirineos hubieran decidido permanecer en mí con la testarudez silenciosa de los glaciares. Fueron cinco días y, sin embargo, no hay medida lineal que pueda contenerlos. Éramos
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Desde que tengo memoria, me ha fascinado esa delgada línea que separa el territorio del mapa emocional. Es decir, cuándo un lugar deja de ser coordenada y se convierte en latido, en eco íntimo, en patria portátil. Valencia, mi ciudad y el escenario de mi novela Damas Nómadas: El Cronista Accidental, fue nombrada la mejor
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Hay libros que se leen, y hay libros que te leen. Damas Nómadas: El Cronista Accidental. Mujeres que rompen moldes, mi última novela, no sólo pertenece a esta segunda categoría, sino que la trasciende: no es una obra para pasar el rato, sino para pasar por ella como quien atraviesa un ritual iniciático. Una experiencia
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Fue en la Sierra Calderona, ese rincón de la Tierra donde las encinas, carrascas y pinos de rodeno saben cosas que no se atreven a decir en voz alta y los caminos parecen recordar quién los pisa. Fui allí buscando silencio, y encontré una voz. El retiro de Neochamanismo y Biodanza llevaba apenas un día
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Despierto cada madrugada con el rumor de un tambor imaginario que late justo detrás de mi esternón; allí convergen mi oficio de narrador y el pulso secreto de la danza, esa ceremonia sin púlpitos donde el cuerpo escribe lo que la lengua no alcanza: así se recoge en mi novela «Miércoles Biodanza«. Desde esa intimidad
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Cuenta atrás para «Damas Nómadas». Sé el primero en cruzar sus fronteras en Amazon este agosto 2025.
Peregrinas del Vértigo: Liturgia de la Reinvención He aquí mi confesión: cada vez que una historia me salva de mi propio naufragio, siento que ha nacido una patria portátil. “Damas Nómadas: El Cronista Accidental. Mujeres que rompen moldes” germinó así, en el borde afilado de un silencio creativo, cuando cuatro viajeras irrumpieron en mi vida
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Hay noches en que el cielo se convierte en un altar primitivo. En que las constelaciones respiran como cicatrices abiertas sobre la carne del universo. Anoche fue una de esas noches. 11 de julio de 2025. La Luna del Ciervo se alzó sobre el horizonte con una majestad antigua, como si hubiera regresado de un
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La librería-café estaba casi vacía. Afuera llovía fuego con esa obstinación rara y dulce de julio, cuando el cielo valenciano, sin llegar a ser gris del todo, se dejaba empapar de fiebre a nostalgia. El escaparate empañado no mostraba títulos, sino la textura de las dudas, de los silencios. Dentro, el aire olía a café





