Me até antes de escuchar. No por valentía, sino por cansancio. Porque llega un momento —y quien haya vivido lo suficiente lo sabe— en que uno deja de temer al naufragio y empieza a temer algo peor: comprender demasiado tarde por qué ha naufragado siempre en el mismo punto.

Durante años creí que el canto de las sirenas era una metáfora del deseo. Me equivoqué. El deseo es tosco, evidente, torpe incluso. El verdadero peligro es otro: la promesa de una explicación total. Esa voz que te susurra que, si entiendes lo suficiente, ya no tendrás que sentir. Que, si logras una teoría perfecta sobre tu vida, quedas exento de vivirla de verdad.

Así empezó Mi otra vida con Penélope. No como una novela, sino como una rendición. Yo había escrito libros. Muchos. Había hablado de conciencia, de despertar, de sabiduría antigua, de karma y de aceptación. Había sido citado, compartido, aplaudido. Y sin embargo, cuando cerraba la puerta de casa por la noche, el silencio me devolvía una verdad incómoda: había llegado tarde a mí mismo. No fracasado —eso sería casi elegante—, sino aplazado. Como quien se pasa la vida ensayando y, cuando por fin sube al escenario, descubre que ya han desmontado el teatro.

Fue entonces cuando apareció Homero. No como mito, ni como estatua, ni como icono académico. Apareció como conciencia épica. Como esa voz antigua que no consuela, pero tampoco miente. La voz que ha visto a los hombres repetir la misma guerra interior durante milenios y ya no se impresiona con nuestras coartadas modernas. Homero no me ofreció salvación. Me ofreció viaje. Y viajar —cuando no es turismo— siempre implica perder algo.

Lo que me concedió no fue otra vida mejor, sino otra vida verdadera. Una existencia paralela, casi idéntica a esta, pero desplazada un grado hacia lo invisible. Un lugar donde las decisiones pesan. Donde el discurso no sirve de refugio. Donde el amor, si aparece, no permite esconderse detrás de la inteligencia. Allí apareció Valencia como aparece Troya en los cantos antiguos: hermosa, brillante, invencible… y destinada a ser herida. Ruzafa como ágora viva. El casco antiguo como ciudad vieja que no ha sido conquistada por el tiempo. Dos casas enfrentadas como campamentos enemigos.

Y en medio de todo, ella. Penélope. No la que espera, sino la que despierta. No la esposa paciente, sino la mujer que incomoda porque no pide permiso para ser libre. Una mujer madura, brillante, pública, poderosa. Una sirena moderna cuyo canto no promete placer, sino verdad. Y esa verdad, cuando llega, no acaricia: desarma.

Porque Penélope ha sido elegida en esta obra como homenaje consciente a la tradición literaria y mítica que nos precede. Procede de La Odisea de Homero y de la figura inmortal de la Penélope, compañera de Ulises, arquetipo de espera, fidelidad y astucia silenciosa. El relato se desarrolla en un territorio literario y simbólico donde la imaginación, la metáfora y la exploración prevalecen sobre la crónica, el testimonio o la alusión personal.

Nuestra historia no es una historia de amor cómoda. Es una historia de lealtad puesta a prueba. De deseo sin jaula. De encuentros luminosos y desapariciones devastadoras. De huidas que se disfrazan de libertad y silencios que se viven como abandono. Es la historia de dos personas heridas intentando sincronizar sus miedos en un mundo que vende calma, pero no enseña a amar.

Escribí esta novela como quien deja un rastro para no perderse del todo. No para dar lecciones, sino para formular una pregunta que me atravesaba: ¿Y si la otra vida no está en otro mundo, sino en el punto exacto donde dejamos de huir de nosotros mismos? «Mi otra vida con Penélope: Ulises y el Canto de las Sirenas» no es un libro para distraerse. Es un libro para escucharse. Para reconocer en qué momentos hemos confundido comprensión con cobardía, lucidez con distancia, independencia con miedo al vínculo.

Si decides leerlo, no esperes épica fácil ni consuelo inmediato. Aquí el canto no adormece: despierta. Y una vez escuchado, ya no es posible fingir que no lo oíste. Yo me até al mástil para no saltar al agua cuando la verdad empezó a cantar. Ahora te toca decidir a ti qué haces con lo que escuches. Y eso será muy pronto. El libró está terminando de cocerse y en cuestión de días lo tendrás disponible en Amazon.

Porque hay viajes que se realizan para comprender una sola frase: Que la otra vida no es otra. Es esta, cuando por fin te atreves a vivirla.


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